Lo cierto es que, en mi opinión, poco se habla y se conoce a este ilustrador, la mayoría solamente lo reconoce por alguna de sus famosas ilustraciones y anuncios.
Norman Rockwell nació en 1894, en Nueva York. Desde muy pequeño ya tenía buena mano para la ilustración y las artes plásticas en general. Norman empezó así, y desde tan pequeño, a subir su popularidad, empezando entre los amigos de la ciudad donde iba a veranear cada año.
A los catorce años reafirma su vocación: la ilustración. Así que empieza a asistir a clases de dibujo en la Chase School, en Manhattan, con el motivo de aprender nuevas técnicas y perfeccionar sus obras. Tan solo un año más tarde, abandona la National Academy School, dado que no compartía la misma opinión hacia el método de aprendizaje que se impartía en las clases.
El curso académico siguiente, se trasladó a la Art Students League, donde aprendió tan solo ilustración (meta que él quería alcanzar) y enseguida empezó a perfeccionar sus conocimientos sobre ilustración humana, en concreto.
Si tenemos conocimiento de qué es el Saturday Evening Post, sabremos que Norman Rockwell se dedicó a esta revista durante la mayor parte de su vida. Aquí, empezó a encargarse de ilustrar portadas (323 portadas a lo largo de su vida), pero dado que sus dibujos encantaban al público, su trabajo aumentó de manera que además empezó a ilustrar anuncios.

La obra de Rockwell se caracteriza por su realismo, como habéis podido ver en las imágenes que he adjuntado hasta ahora.
Además de ilustrador, estaba interesado en la fotografía. Solía captar acciones habituales en la vida cotidiana, así como niños jugando y estudiando, o adultos leyendo y tomando café.
Norman decidió juntar sus dos grandes pasiones (que además llevaba a cabo fenomenalmente) en una.
Cada una de sus ilustraciones está siempre inspirada en alguna de sus fotografías. Trabajaba el óleo a partir de imágenes reales, tratando de darles color y detalles no representados en el film y mostrar así una visión alternativa, pero no ficticia.
Su técnica también fue criticada por muy pocos, y a pesar de los comentarios negativos, el propio Rockwell aceptaba que “hacía trampas” y “se engañaba a sí mismo como ilustrador” y que a veces “le gustaría dibujar realmente bien”. No obstante, su particular manera de ilustrar, hacía que los gestos de los personajes antes fotografiados tomaran más protagonismo en sus dibujos, y acercasen al espectador al interior del humano representado. Él siempre decía que “incluso en las horas más oscuras, los humanos siguen siendo humanos”, y así lo mostraba en su obra.
Muchos creen que el ilustrador se mantenía ajeno a los problemas sociales de su época. Esta falsa creencia se debe a que sus ilustraciones son ‘divertidas’. Pero Rockwell jamás pasó por alto los problemas que más afectaban a su sociedad, como por ejemplo, el racismo:
O la Segunda Guerra Mundial:

Otra obra que seguro conoceréis de Norman, es el retrato que hizo a John F. Kennedy:
Ilustración que se publicó, por primera vez, el 29 de Octubre de 1960 en el Evening Post y que, cuando el presidente fue asesinado, tres años después, se recuperó y volvió a parecer publicado en muchas otras revistas, boletines, etc.
En esta ilustración, muestra su visión del presidente con rasgos muy naturales, con un gesto muy tranquilo, pero sin perder el aire de grandeza de su persona.
Norman Rockwell murió en Noviembre de 1978, y el motivo de su aparición en el diario que leí era una exposición que se ha celebrado en el Brooklyn Museum, y que se ha podido visitar hasta el 10 de Abril, titulada ‘Norman Rockwell: Behind the Camera’ donde se exponen óleos y fotografías de este genial ilustrador.
Lidia Arruego Cabezas



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