dissabte, 23 d’abril del 2011

Marcel Duchamp y el Ready-Made

¿Arte o anti-arte?



Marcel Duchamp (28 julio de 1887)

Marcel Duchamp es sin duda uno de los artistas más influyentes en el arte del siglo XX. Crucial para el desarrollo del Surrealismo, Dadaísmo y el Pop Art, su énfasis en la intelectualidad de cada obra influyó también en muchos artistas. Sus trabajos expandieron los límites del arte, al introducir objetos de la vida cotidiana y transformarlos en arte por la simple elección del artista, cambiando así el curso definitivo del arte moderno. Se atrevió a cuestionar aspectos de esta institución que nunca nadie antes había hecho (como la presencia de la belleza en una obra, ya que ésta es subjetiva). Su legado más grande sería el habernos hecho entender que una experiencia artística no basta con estimularnos visualmente. Ésta debe también invitarnos a pensar.

Duchamp se definía a si mismo como un no-artista, jugador de ajedrez, comerciante de queso, respirador y un fenêtrier.




Ready-Made

Un ready-made es un objeto sacado de su contexto original, desfuncionalizado y convertido en arte, construido para forzar al espectador a pensar.

Marcel Duchamp hizo su primer ready-made en 1913, “La rueda de bicicleta”, que consistía en un banquito de cocina y sobre él una rueda de bicicleta invertida, apoyada sobre su base de metal. En un principio, Duchamp no pretendía mostrar estas obras al público. Años después cambiaría de opinión. Él mismo escribió una pequeña explicación para la mejor comprensión de los ready-mades.



En Nueva York, en 1915, Duchamp compró en una ferretería una pala para nieve, en la que escribió “In advance of the broken arm” (en avance del brazo quebrado). Fue alrededor de esa época cuando le vino a la mente el nombre ready-made para designar este tipo de obras.

Duchamp siempre quiso dejar en claro que la elección de estas obras nunca fue dictada por deleite estético. La elección estaba basada en una reacción de indiferencia visual con una total ausencia de buen o mal gusto. De hecho, una completa anestesia.

Una característica importante de los ready-made fue la pequeña frase inscrita ocasionalmente en cada obra. La oración en vez de describir el objeto como un título pretendía llevar la mente del espectador hacia otras regiones, más verbales.

Otro aspecto del ready-made es su falta de singularidad, la réplica de un ready-made entregando el mismo mensaje, de hecho, casi todos los ready-mades existentes hoy no son un original en el sentido convencional.

Duchamp pensó: para romper con todos los valores tradicionales del arte, debemos empezar por lo elemental. Así, debemos deshacernos de los dos principios más básicos del arte: la belleza y la artesanía. Los ready-mades al fin respondían a su pregunta ¿Puede hacer uno obras de arte que no sean arte?.

La técnica consistía básicamente en sustituir la manualidad del artista durante el proceso de hacer arte. Así, en vez de un ver objeto creado por el artista, veríamos uno ya fabricado. También habría de sustituir la irracionalidad y el proceso aleatorio por un diseño consciente. Ya no importa el genio del artista, sino su don.




La fuente

La aparición de los ready-made cuestiona seriamente la historia del arte y su autonomía, ya que ingresan a los museos objetos de la vida cotidiana.

Otra característica de los ready-made es su falta de forma. Todo lo que se puede decir respecto a él es indiferente a su forma, ya que subyace en el propio objeto. La obra de arte misma niega al objeto, anula su función.

Duchamp quiso elevar a la dignidad de arte a objetos simples y cotidianos, como prueba de que el arte era, sobre todo, una actitud mental que residía en el espectador y que, mediante la representación de estos objetos en una sala de exposiciones, se apreciaban las calidades estéticas y no las utilitarias que normalmente sugerían.



Botellero



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